El Instituto Nacional Yrigoyeneano y la Junta Auténtica de Historia y Cultura de La Boca del Riachuelo invitan a la presentación del libro "Caudillos y Protagonistas Políticos en La Boca del Riachuelo" de Diego Barovero. 

El acto se realizará el sábado 21 de agosto a las 17 horas en la sede de la Impulso Agrupación de Gente de Arte y Letras, Lamadrid 355, La Boca, Ciudad de Buenos Aires. Harán uso de la palabra junto al autor, el arquitecto Horacio J. Spinetto y el historiador Rubén Rodríguez Ponziolo. 

El acto finalizará con un mini recital de tango de temática y autores boquenses a cargo del maestro Mario Valdéz al piano y la cantante Livia Comerci.





















Al cumplirse el 143° aniversario del barrio de La Boca, la Junta Auténtica de Historia y Cultura de La Boca del Riachuelo distinguió ayer con el galardón "Boquense Auténtico" a la bailarina Mora Godoy, al director de fotografía Félix "Chango" Monti y al cineasta Juan José Campanella. El encuentro tuvo lugar en el histórico local de la Agrupación Gente de Arte y Letras Impulso, Lamadrid 355, fundada en 1940 por grandes artistas como Fortunato Lacámera, José Luis Menghi, Vicente Vento, Juan Bassani, Juan Carlos Miraglia, entre otros.

La presentación de los premiados estuvo a cargo de la periodista Blanca Rébori y se encontraban presentes el presidente de la Junta Auténtica de Historia y Cultura de La Boca del Riachuelo Rubén Rodríguez Ponziolo y el presidente y secretario de la agrupación Impulso Omar Gasparini y Diego Barovero, respectivamente.

El acto finalizó con una presentación musical de  tango a cargo de Los Hermanos Martiné.  

Hasta el próximo sábado, en tanto, se puede disfrutar de la muestra "Notables de la plástica argentina" en la sede de la Agrupación Impulso (Lamadrid 355).

Precisamente el sábado 31 de agosto, como cierre de los festejos boquenses, también se presentará en Impulso el libro “Caudillos y protagonistas políticos en La Boca del Riachuelo”, del historiador Diego Barovero, a quien acompañarán en el panel Horacio J. Spinetto y Rubén R. Ponziolo. El acto finalizará con un mini recital de tangos de temática y autores boquenses a cargo de la cantante Livia Comerci acompañada al piano por el Maestro Mario Valdéz.






La Junta Auténtica de Historia y Cultura de La Boca del Riachuelo clausuró su ciclo 2012 de actividades culturales con un homenaje al Tango, Patrimonio Cultural de la Humanidad, declarado por la UNESCO, distinguiendo con el premio "Boquense Auténtico" a dos renombrados artistas con profundas raíces en nuestro barrio: María Volonté y Guillermo Galvé. El acto tuvo lugar en Impulso, Lamadrid 355, el sábado 15 de diciembre y los distinguidos ofrecieron un espontáneo recital para deleitar al numeroso público en el que se destacaban representantes de diversas institucionales culturales comunitarias y artistas de varias disciplinas.



Mediante la Ley 4230 la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires ha dispuesto que el monumento al General José de San Martín - obra del prestigioso escultor Roberto J. Capurro (1903-1971) - que actualmente se encuentra en Caminito, sea trasladado a la intersección de las avenidas Almirante Brown y Martín García, lugar de su emplazamiento original.

Dicho monumento había sido impulsado por  la Comisión de Homenaje de La Boca al General Don José de San Martín, integrada por vecinos y entidades comunitarias presidida por el Dr. Juan De Simone y fue emplazado e inaugurado el 25 de febrero de 1954  frente al Parque Lezama, en la entrada al barrio de La Boca.

Poco tiempo después, la Revolución Libertadora que en 1955 derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón, ordenó que el monumento a San Martín fuera desmontado del lugar de su emplazamiento y arrumbado muchos años en galpones municipales.

Sin embargo, fue la acción de Benito Quinquela Martín -quien junto a los hermanos Cárrega crearon el pasaje Caminito – la que rescató la obra  y gestionó la autorización para que el altorrelieve de Capurro que homenajea al Libertador fuera colocado en su actual ubicación, justo en la esquina  de Caminito y Enrique del Valle Iberlucea, donde luce desde hace casi medio siglo.

No compartimos la  equívoca decisión de la Legislatura, impulsada por algunas organizaciones conducidas por personas desinformadas y desvinculadas del auténtico sentir de la comunidad boquense.

Consideramos que el traslado del monumento constituye  una inútil afrenta a la memoria de Quinquela, impulsor y alma mater de Caminito y  La Boca, además de no reportar beneficio alguno al barrio, alterando su patrimonio artístico, cultural e histórico. 

                        Rubén Rodríguez Ponziolo
           Presidente
                 

Transcurría el año 1925 en el tiempo que mi dilecto amigo, el eximio pintor boquense, don Benito Quinquela Martín me invitó a viajar con él a Europa. ¡No pude resistir la tentación! Un pedido de Benito era una orden para mí. Levamos anclas el jueves 5 de noviembre a bordo del paquebote francés “Massilia” que nos trasladó al puerto de Le Havre (Francia) y a posteriori en tren rumbo a la mismísima París. Al disponer Quinquela del beneficio que le otorgaba su rango diplomático, correspondía alojarnos en el edificio de la Embajada Argentina ante el gobierno franchute. A la mañana siguiente y anticipándose a la organización de su muestra pictórica debía cumplir Benito específicos requisitos del protocolo consular. Razón por la cual decidí visitar la Torre Eiffel y el Palacio de los Inválidos ubicación del panteón de Napoleón Bonaparte. ¡Recordaba la delirante versión familiar que determinado vínculo sanguíneo nos emparentaba al Gran Corso! Durante el almuerzo, Benito chimenta “hoy cenaremos de ronga en Máxim, el restaurante galo por excelencia y el de mayor fama mundial. Al caballero que nos convidó al hablarle de tu enorme admiración personal, me solicitó conocerte. Lamento mantenerte en ascuas, el enigma recién se develará esta noche. ¡Imposible de creer! Nuestro anfitrión el señor Rodolfo Alfonzo Raffaelo Pierre Filibert di Valentina Guglielmi d’Antonguolla el universalmente célebre: Rodolfo Valentino. ¡Figura cumbre de la cinematografía! Chapurreábamos en la lengua del Dante de diferentes temas. Hasta que Rudy, así lo apodaban sus íntimos, trajo a colación el tango bailado con fantástica aureola en la película “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” -encarnando al estanciero argentino Julio Desnoyers- y de su pasión por esa magnífica y sentimental melodía. Además, lo subyugó que Quinquela inmortalizara el quartiere de sus paisanos. Es que uno de los títulos sobre impresos de dicha filmación de 1924 mencionaba a La Boca como puerto de Buenos Aires. Hacía poco que la había visto por eso le manifesté “también hacen referencia al río “Marne” al que otro franco porteño el bandoneonista Eduardo Lorenzo Arolas ofrendara un tango de idéntico nombre a los soldados franceses que allí lucharon. Entonces, a Quinquela, hombre noctámbulo, se le iluminó el rostro y le comentó “Alberto López Bouchard, cortés compatriota, es el propietario del suntuoso cabaret “El garrón”. Seguro que sin reservas no se puede entrar ya que a diario completa sus instalaciones debido al notable éxito del cantor Carlos Gardel. Stai tranquillo -quédate tranquilo- lo conozco mucho al Morocho del Abasto. Me lo presentó, mi hermano en el afecto, el músico Juan de Dios Filiberto del que tanto te hablé”. Enfilamos recto al camerino de Gardel. Nos recibió con simpática e inigualable sonrisa, a pesar de su inicial asombro por semejante e inesperada visita. ¡Y yo inmerso en colosal quimera! Rodeado de fenomenal trío y sintiendo la sensación de no estar despierto. Nuevamente, hizo punta Benito batiendo “Carlitos, Rudy vino ex profeso a disfrutar tu arte. Te ruega silencio pues está de incógnito y de avivarse el público de su presencia, en especial las mujeres, podrían trastornarse.” Rodolfo Valentino merced a su fotogenia e irresistibles primeros planos convertido en mito viviente. ¡El sex-simbol de la época! Previo al inicio de su actuación Carlitos -décadas después Quinquela lo atribuía a su falta de experiencia- micrófono en mano revela: “dedicaré a al insigne actor ítalo-americano Rodolfo Valentino quien en esta velada nos honra con su amistad el tango “Mi noche triste”. La noche resultó de hecho triste para el propio Carlos Gardel, a raíz de la batahola armada en el recinto fruto del anuncio. ¡La función debió ser suspendida! En tanto que nosotros tres, Rudy a la cabeza, salimos rajando por la puerta trasera. Las minas nos perseguían con el único afán de tocarlo a su ídolo, el “Latín Lover”. Llevábamos ya largas cuadras de loca carrera cuando al llegar a iluminado bulevar encontramos la salvación. Estropeado carro a caballo recolector del sobrante de la basura parisina. ¡Hablando en lunfa: un ciruja! Su conductor dio rienda suelta al dúo de cansinos matungos entendiendo que huíamos de la Sureté (Policía Francesa). Terminamos tirados -sur le Pont Royal- abajo del Puente Royal integrante de los treinta y tres que unen las márgenes del Sena en su desfile por la Ciudad Luz brindándole majestuoso marco. A Valentino se le pasó la chinche y comenzó a reírse a carcajadas al traducirle Quinquela el orillero chamuyo en el instante de batirle “che Benito la verdad sería piola gorjear “El ciruja” ya que fue en la chata de uno de estos típicos buscavidas que de milagro zafamos de las garras de la femenina jauría”. Mientras a tranco lerdo regresábamos, Rudy se esforzaba intentando repetir en castellano la letra del tango de Francisco Alfredo Marino y Ernesto de la Cruz diciendo aquello de “como con bronca y junando de rabo de ojo a un costado sus pasos ha encaminado derecho pa’l arrabal”. Lamentablemente el 23 de agosto de 1926 a las 12.10 horas en el Polyclinic Hospital de Nueva York falleció Rodolfo Valentino. Para sus fanáticos, la tragedia originó magno duelo colectivo sólo comparable al del asesinato del presidente Abraham Lincoln, y su leyenda aún perdura. RUBEN RODRÍGUEZ PONZIOLO

Sabio refrán bate: “Más vale llegar a tiempo que ser invitado”. Se ajusta de perillas para confirmar lo venidero. Mientras garabateaba textos referentes a la simbiosis del Tango y La Boca, tenía la oreja pegada a “Radio General Belgrano” en la audición “Sur, barrio de tango” conducida por los señores Norberto Malbrán y Tito Sansineto. En el tris, un oyente los llamó desde Sarandí, aclarando que había nacido y habitado muchos años enfrente de “La Bombonera”. Y contó ésta simpática anécdota. Ocurrió en recordada velada danzante, organizada por el C.A. Boca Juniors en sus típicos salones, debajo de la tribuna, que animaba la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese con sus vocalistas Roberto Chanel y Alberto Morán. Los cantores sacando tajada del tiempo de descanso, cruzaron a tomar algo en el boliche de Brandsen y Moussy. Y, al querer reemprender su labor, se toparon con la tozudez de dos tanos que la yugaban de controles y les impedían entrar argumentando: “vaya a codere a otro, aquí sobrano lo colado. Il señore Pugliese e lo muchacho hace rato que estano dentro”. Obcecados en sus trece no querían dar el brazo a torcer. Hasta que esgunfios y carentes de fundamentos, los cantantes muy cabreros, retornaron al bodegón al grito de “Ma sí. Díganle al troesma que si nos necesita, nos mande llamar.” A los pocos minutos los mismos gringos espamentosos que se oponían a su ingreso, salieron de raje a buscarlos, pues el gentío que colmaba las instalaciones, ante su sorpresiva ausencia, comenzaba a armar rosca. Dios permita que la presente llegue a manos o a oídos de la persona que me dio pié para narrarlo y que además de reconocerse, le sirva también de cordial saludo. RUBEN RODRIGUEZ PONZIOLO

Mi tio Manuel Angel Gardella, persona respetada y querida por toda la comunidad boquense, trabajó desde niño y hasta el día de su jubilación en la Farmacia Cánepa de Olavarría 702. Además, aquellos que hoy peinan canas, recordarán tan bien como yo que el dueño, casi todos los empleados y la mayoría de los que frecuentaban la botica, simpatizaban con el Partido Socialista y admiraban a los grandes hombres del socialismo nacional y también de allende nuestras fronteras. No obstante, mi pariente gustaba de relatar la siguiente anécdota: “Para llegar al laburo, durante medio siglo transité por el mismo camino, la calle Vespucio o, para ser más explicito a la que vulgarmente llamamos la vía del tren. Un inolvidable mediodía, allá por los años treinta, al disponerme a cruzar la calle Australia observé que al estar baja la barrera, se había detenido una moderna “vuaturé” y resultó muy fácil individualizar al único ocupante de la misma: El señor presidente de la República don Marcelo Torcuato de Alvear. Entonces, con emoción y asombro lo saludé quitándome el sombrero, gesto que este gentíl caballero correspondió de similar manera”. RUBEN HECTOR RODRIGUEZ PONZIOLO